Ana León Rubio

[ de Algeciras a Estambul ]

Archivo para Marruecos

La ciudad romana de Volúbilis en Marruecos

Volúbilis (Marruecos) son las ruinas romanas mejor conservadas del norte de África. Situada cerca de la Meknés, ciudad de gente adinerada, y Mulai Idris, ciudad santa del país alauí, Volúbilis fue nombrada Patrominio de la Humanidad por la Unesco en 1997.

No es de extrañar que fuera una ciudad próspera gracias al sector olivarero, tanto por la producción como por el comercio del aceite; y es que Volúbilis hoy en día sigue rodeada de olivares.

A pesar de que extrajeran muchos materiales para la construcción de palacios en Meknés y del terromoto de 1755, la ciudad mantiene en pie restos del foro, del templo de Júpiter y del Arco del triunfo, además de casas con mosaicos adornando los salones de los ciudadanos más pudientes.

Desde los restos de esta ciudad se tienen unas vistas magníficas de Mulai Idris, donde se puede observar con mayor facilidad su forma de joroba de camello.

Al encontrarse tan cerca de una ciudad santa, en Volúbilis se dan cita muchos peregrinos que aprovechan que los restos romanos están cerca del santuario del bisnieto de Mahoma para pasarse por allí.

Para un andaluz un paseo por Volúbilis es una restrospectiva, una vuelta a una tierra de olivares, al calor sofocante del mediodía, y de encontrarse en un lugar donde se han sucedido civilizaciones que han aportado a su Historia una riqueza inconmensurable.

La sonrisa de Jasmine

No sé cuántos niños viven en la Medina de Fez (Marruecos), porque en cada esquina te encuentras esas miradas lindas y limpias que siempre están dispuestas a conocer cosas nuevas. Curiosamente Jasmine es una niña que nos la encontramos en varias ocasiones mientras paseábamos por el enrevesado laberinto de la Medina.

A mi derecha sonó una voz dulce: “¿bombóm?” Estaba claro que está acostumbrada a que los turistas le den caramelos. Su pelo rizado recogido en dos coquitos y su sonrisa me cautivó. Despúes de responder a su petición y de darnos las gracias con una amplia sonrisa seguimos paseando. Al cabo de unos minutos nos la encontramos con su hermano tomando un helado, que rápidamente escondieron para pedir caramelos nuevamente. Me dejó que les hiciera una foto. Y seguimos nuestro camino.

Unas horas más tarde nos la encontramos cargando una botella grande y pesada llena de lo que parecía fruta encurtida. En una de sus manitas llevaba un cazo. Presumiblemente nuestra amiga se saca algunas monedas vendiendo fruta por la calle. Se supone que los niños en Marruecos no pueden tabajar, en todo caso, los padres están cometiendo un delito que puede ser pagado con la cárcel.

Cada foto es una historia, y podría hablar de los niños que vimos cargando el pan en bandejas de madera en la cabeza cumpliendo con las peticiones de sus madres de llevarlo al horno público. Es normal que llegara a casa faltándole algún pellizco, porque para nadie es indiferente el olor del pan recién horneado.

Pero la imagen más impactacte es, sin duda, la foto que no hice… Observé que en el escalón de la puerta de una casa estaban sentados un mendigo ciego y un niño vendiendo galletas, sólo le quedaba un paquete. Estaba cayendo la tarde cuando volvimos a pasar por ese sitio. Mientras los tenderos se apresuraban a cerrar sus comercios antes de que sonara la llamada a la oración, pude ver cómo el niño abría el paquete de galletas y lo compartía con el mendigo. El Misericordioso sabría cómo alimentarles al día siguiente, sin ambicionar más que lo necesario y compartiendo lo que se tiene…

 

Mulai Idris, Marruecos

Ciudad Santa, Mulai Idris se sitúa sobre dos formaciones rocosas, simulando las dos jorobas de un camello. Desde la distancia, parece a uno de esos pueblos blancos de Andalucía rodeados de un mar de olivos.

Famosa por el santuario de Mulai Idris (bisnieto de Mahoma), peregrinos de todo el Islam se dan cita aquí ya que, según parece, peregrinar cuatro veces al santuario del fundador de la dinastía idrísida exime de ir a la Meca.

Lamentablemente, a los visitantes no musulmanes sólo le queda divisar el magnífico edificio desde uno de los miradores que ofrece la orografía de la ciudad. Cuando nos acercamos a la puerta, además de los carteles que lo recuerdan, unas personas nos invitan a conocer la historia del santuario, pero sin pasar dentro. Con la mano en el pecho en señal de disculpa y con el mayor de los respetos te brindan la mejor de las acogidas: su sonrisa.

En Mulai Idris está el único minarete cilíndrico de Marruecos. El minarete está decorado con distintas grafías del árabe.

 

Las mezquitas en la medina de Fez, Marruecos

El centro histórico más antiguo y grande del mundo está en la Medina de Fez, la denominada ciudad vieja (Fez el-Bali) en la que viven 150.000 personas. Muy a pesar de su antigüedad y del aparente caos de callejuelas que parecen laberintos cada barrio cuenta con una mezquita, una fuente de agua corriente y un horno público de pan.

Centro espiritual y cultural de Marruecos, Fez recibe diariamente a peregrinos del propio país y de otras partes del continente africano. El visitante no musulman deberá conformarse con asomarse desde la puerta para poder apreciar mínimamente el lujo de mosaicos, las preciosas alfombras y el calor de oración.

Existen lo que nuestro guía denomina “mezquitas exprés”; lugares de culto más pequeños y en los que, a menudo, no existe fuente para las abluciones, que son sustituidas por piedras.

La Llamada a la Oración en Fez, Marruecos

Cae la noche en la Medina de Fez. Desde la azotea de un Riadh se oye el bullicio de los comercios, se ven gatos saltando por los tejados y turistas que cenan en la terraza de algún restaurante. Como siempre una brisa fresca acaricia el rostro.

Todo es silenciado cuando desde la lejanía empieza a sonar la Llamada a la Oración. Los comercios están cerrados, los gatos, sin moverse, miran a las golondrinas que salen a cazar insectos a la caida del sol, la ropa se balancea como banderas sin hacer ruido, y los turistas, tras unos segundos de quietud, continúan su cena.

De repente, desde el minarete más cercano se enciende el altavoz y el almuecín empieza a recitar en islam, uniéndose así al resto de mezquitas que bañan la Medina.

La luna llena sobre este enjambre de casas y callejones, los gatos han bajado al suelo en busca de mejor fortuna, el paladar saborea la pastela con higos y piñones recogidos esa misma mañana que se están tomando los turistas y el alma puesta en una oración: “Dios es más grande”.

Los negocios en la medina de Fez, Marruecos

Al ponernos manos a la obra cuando montamos el Belén en nuestros salones al acercarse las Navidades, nos imaginamos la vida diaria de las personas que vivieron allí en esa época. Y es posible que esa imagen no diste mucho de la vida que se sigue desarrollando en la medina de Fez.

Al igual que nuestras representaciones navideñas, en Fez encontramos a los artesanos trabajando en sus talleres (habitáculos pequeños llenos de materia prima y utensilios para la elaboración.) Podemos ver al carpintero serrando, al herrero dando martillazos, los carniceros con jaulas llenas de gallinas a la espera de algún cliente… Resulta curioso ver en los escaparates fotos enmarcadas de esos mismos comercios, con el mismo tendero ofreciendo sus mejores productos al rey de Marruecos, Mohamed VI.

Los comerios están regentados casi en su totalidad por personas del sexo masculino, así que las mujeres deben comprar hasta su ropa interior a los hombres.

La medina está organizada por gremios: la zona de babuchas, alfombras, joyas, pasteles… Si te enganchas con hilos que van de un clavo a otro en la pared estás en la zona de los telares, ¡nunca antes había visto tanta variedad de un mismo color y todo con tintes naturales!

Thami, uno de los guías oficiales de la medina que se proclama como el primer guía oficial de Marruecos, afirma: “Si me taparan los ojos y me llevaran a cualquier parte de la medina, sólo por el olor y el ruido sabría dónde estoy exactamente”

Pocas novedades hay en la medina más grande y mejor conservada del mundo, pero el turismo se abre paso por donde quiera que va y hay quien compra un Riad (casa grande con jardín) para convertirlo en hotel.

Lo último entre los más emprendedores de la medina es una tienda de joyas en alquiler, abierta desde hace unos meses, para que las mujeres las luzcan en circuncisiones, bodas y demás eventos festivos sin gastarse demasiado dinero. Y es que la crisis ha llegado a todos los rincones del mundo.

Dado al periodismo especializado en el sector primario que estoy desarrollando actualmente en mi vida profesional, he de destacar los productos frescos, en especial la fruta. En estos momentos Marruecos se encuentra en negociaciones con la Unión Europea para la comercialización de frutas y verduras.  Quisiera indicar que en Fez se consumen alimentos frescos de inmejorable calidad, cultivados sin pesticidas, algo que nuestra agricultura ecológica defiende sin descanso hoy día.

Los horarios comerciales dependen mucho de las oración: cuando suena la llamada los tenderos atraviesan un palo en la entrada para indicar que está cerrada la tienda. También depende de cuánto se ha ganado en el día, porque para un musulmán lo importante es trabajar hasta conseguir el dinero suficiente para vivir; es por ello que a la caída de la tarde se ven varios vendedores aprovechando para jugar a las cartas o al parchís, o, porqué no, para dormir una pequeña siesta. Unos por otros cuidan y vigilan los comercios de la zona.

Volvamos a nuestro Belén, y es que se concibe un nacimiento con coches o motos; de la misma manera, en la medina, los únicos medios de transporte son la carretilla y los animales de carga como mulas y burros. Los dueños de estos animales son afortunados, porque viven en la única ciudad del mundo donde tienen asistencia veterinaria gratuita.

Entre el tumulto de gente andando, corriendo, comprando y vendiendo todo queda paralizado unos segundos. Te asomas y ves  qué está pasando: una mula cargada de cajas está parada orinando, mientras que los viandantes se aferran a apartarse para no ser salpicados.

El regateo debería ser el deporte nacional de Marruecos. Los que estamos acostumbrados a entrar en una tienda y ver los precios en las etiquetas nos cuesta entender este arte. Los comerciantes de la medina de Fez pueden ser pesados de lo muchísimo que insisten, pero sólo hay que cambiar de mentalidad para descubrir a gente acogedora, entusiasmada por su trabajo y que quieren mostrar lo mejor que saben hacer con sus manos.

Ir de compras por la medina de Fez es una experiencia excitante para todos los sentidos; una sensación a la que se le coge el gusto rápidamente si se es capaz de confiar y dejarse sorprender.

Curtidurías en Fez, Marruecos

A muchas personas les gusta los trabajos realizados con cuero: bolsos, pulseras, carteras… Y pocos saben cómo se consigue el cuero. Un buen lugar para conocerlo está en la medina de Fez (Marruecos), donde se encuentra el gremio de los curtidores.

El cuero se consigue al curtir la piel de oveja, cordero o camello. Eliminando restos de carne y pelo, la piel se coloca dentro de una fosa de ladrillo con excreciones de paloma y orina de vaca que eliminan todas las impurezas. A los tres días se les agrega el tinte (azafrán para el amarillo, índigo para el azul, menta para el verde…). Posteriormente se sacan de la fosa y se tienden para que se sequen.

A los viajeros que se atreven a introducirse en la medina se les ofrece la posibilidad de visitar balcones desde donde se ven las curtidurías, explanadas llenas de fosas escavadas en la tierra donde los curtidores se afanan en remover el cuero dentro del líquido. Para los que no están acostumbrados se les da cariñosamente unas hojitas de hierbabuena.

Si para un visitante es duro el olor desde una azotea donde corre el aire, sólo hay que imaginar trabajar allí abajo, metiéndose hasta la cintura en ese líquido, trabajando a destajo para que las pieles estén listas.

Organizar un viaje leyendo o hablar con gente que ha estado allí no te prepara para el contacto directo con la realidad de los artesanos curtidores.

A %d blogueros les gusta esto: