Ana León Rubio

[ de Algeciras a Estambul ]

Los negocios en la medina de Fez, Marruecos

Al ponernos manos a la obra cuando montamos el Belén en nuestros salones al acercarse las Navidades, nos imaginamos la vida diaria de las personas que vivieron allí en esa época. Y es posible que esa imagen no diste mucho de la vida que se sigue desarrollando en la medina de Fez.

Al igual que nuestras representaciones navideñas, en Fez encontramos a los artesanos trabajando en sus talleres (habitáculos pequeños llenos de materia prima y utensilios para la elaboración.) Podemos ver al carpintero serrando, al herrero dando martillazos, los carniceros con jaulas llenas de gallinas a la espera de algún cliente… Resulta curioso ver en los escaparates fotos enmarcadas de esos mismos comercios, con el mismo tendero ofreciendo sus mejores productos al rey de Marruecos, Mohamed VI.

Los comerios están regentados casi en su totalidad por personas del sexo masculino, así que las mujeres deben comprar hasta su ropa interior a los hombres.

La medina está organizada por gremios: la zona de babuchas, alfombras, joyas, pasteles… Si te enganchas con hilos que van de un clavo a otro en la pared estás en la zona de los telares, ¡nunca antes había visto tanta variedad de un mismo color y todo con tintes naturales!

Thami, uno de los guías oficiales de la medina que se proclama como el primer guía oficial de Marruecos, afirma: “Si me taparan los ojos y me llevaran a cualquier parte de la medina, sólo por el olor y el ruido sabría dónde estoy exactamente”

Pocas novedades hay en la medina más grande y mejor conservada del mundo, pero el turismo se abre paso por donde quiera que va y hay quien compra un Riad (casa grande con jardín) para convertirlo en hotel.

Lo último entre los más emprendedores de la medina es una tienda de joyas en alquiler, abierta desde hace unos meses, para que las mujeres las luzcan en circuncisiones, bodas y demás eventos festivos sin gastarse demasiado dinero. Y es que la crisis ha llegado a todos los rincones del mundo.

Dado al periodismo especializado en el sector primario que estoy desarrollando actualmente en mi vida profesional, he de destacar los productos frescos, en especial la fruta. En estos momentos Marruecos se encuentra en negociaciones con la Unión Europea para la comercialización de frutas y verduras.  Quisiera indicar que en Fez se consumen alimentos frescos de inmejorable calidad, cultivados sin pesticidas, algo que nuestra agricultura ecológica defiende sin descanso hoy día.

Los horarios comerciales dependen mucho de las oración: cuando suena la llamada los tenderos atraviesan un palo en la entrada para indicar que está cerrada la tienda. También depende de cuánto se ha ganado en el día, porque para un musulmán lo importante es trabajar hasta conseguir el dinero suficiente para vivir; es por ello que a la caída de la tarde se ven varios vendedores aprovechando para jugar a las cartas o al parchís, o, porqué no, para dormir una pequeña siesta. Unos por otros cuidan y vigilan los comercios de la zona.

Volvamos a nuestro Belén, y es que se concibe un nacimiento con coches o motos; de la misma manera, en la medina, los únicos medios de transporte son la carretilla y los animales de carga como mulas y burros. Los dueños de estos animales son afortunados, porque viven en la única ciudad del mundo donde tienen asistencia veterinaria gratuita.

Entre el tumulto de gente andando, corriendo, comprando y vendiendo todo queda paralizado unos segundos. Te asomas y ves  qué está pasando: una mula cargada de cajas está parada orinando, mientras que los viandantes se aferran a apartarse para no ser salpicados.

El regateo debería ser el deporte nacional de Marruecos. Los que estamos acostumbrados a entrar en una tienda y ver los precios en las etiquetas nos cuesta entender este arte. Los comerciantes de la medina de Fez pueden ser pesados de lo muchísimo que insisten, pero sólo hay que cambiar de mentalidad para descubrir a gente acogedora, entusiasmada por su trabajo y que quieren mostrar lo mejor que saben hacer con sus manos.

Ir de compras por la medina de Fez es una experiencia excitante para todos los sentidos; una sensación a la que se le coge el gusto rápidamente si se es capaz de confiar y dejarse sorprender.

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